HISTORIA 9: TITULO: : “ RECUERDOS DE PRIMAVERA” (6/10/2020)
TÍTULO: “ RECUERDOS DE PRIMAVERA." (6/10/2020)
"¡Bienvenidos a "Recuerdos de Primavera"! En mi jardín, las flores hablan y los recuerdos resurgen. Descubre la magia de cada rincón, donde la naturaleza y los momentos compartidos tejen una historia de esperanza."
Hoy es una mañana cualquiera de primavera, con una temperatura un poco baja, para esta época del año.
Sentada,en mi jardín, observo, disfruto y escucho los sonidos de la naturaleza, que me rodea.
El color verde comienza a asomarse, entre las ramas secas, de los árboles.
La glicina, reina indiscutida del jardín, inunda todo con su perfume, invitando a abejas y mariposas,que la visiten.
los rosales trepadores, cargan, en sus frágiles ramas, infinidad de pimpollos.
Poco a poco, el color se apodera del jardín. Resurgen los brotes verdes, morados, amarillos y grises verdosos.
Todo se fusiona en una mezcla de colores y perfumes. La huerta de aromáticas me transporta,en la máquina del tiempo, a la cocina de mi abuela, allá lejos y hace tiempo.
Me remonta a mi niñez, cuando cocinaba pastas caseras para todos sus hijos y nietos. En el último minuto de cocción, le agregaba a la salsa, orégano, tomillo, perejil y albahaca, todo bien picadito. Y para terminar unas hojas de laurel, recién cortadas de la planta.
Su salsa tenía un olor especial, que inundaba toda su casa. Un no se que. Con el pasar de los años, pude darme cuenta que su receta nunca tuvo un ingrediente secreto. El secreto, estaba en ella, en mi abuela.
Sigo recorriendo mi jardín y las nomeolvides, con sus flores pequeñitas, invadieron todo el cantero. Mi abuela siempre decía: - para que nunca me olvides, te regalo un ramito y me lo apoyaba en la ropa- que por la porosidad de sus hojas,se adhería como un prendedor natural.
Buscando en internet , el significado de este arbusto, descubrí, que es llamado, la flor del amor.
Mi abuela era una avanzada a su tiempo, me estaba regalando amor, con cada ramito.
Cada planta, cada flor de mi jardín, tiene una historia para contar o un recuerdo para atesorar.
Una calandria curiosa y desafiante, se acerca. Me divierte verla, como sigilosamente, roba granitos del alimento balanceado,del plato, de mi perro. Él la mira, sin inmutarse.
A lo lejos, los gorriones, alborotadores, se pelean por un lugar en la glicina.
En la casa de mis abuelos maternos, había una gran glicina, con sus ramas enmarañadas y su gran tronco retorcido,por los años. Su gran manto lila, cubría, gran parte del patio, ubicada sobre un armazón de caños decorativos, formando una glorieta.
Por debajo de ella, se ubicaba una gran mesa de material, que nos invitaba a degustar almuerzos estivales o alguna merienda, en las tardes de otoño, con mis primos.
Las flores ,pendían de sus ramas ,formando grandes racimos. Era un placer,sentir su perfume embriagador.
Los gorriones anidaban entre sus ramas. Cuando soplaba una breve brisa, sus pétalos alilados, cubrían el piso de mosaicos y la larga mesa.
Intentábamos , sin suerte, barrer las flores, pero el viento ,juguetón, las arremolinaba, formando pequeños trombos, las elevaba y en el aire, las dispersaba.
Un bienteveo o pechito amarillo, me estaba observando, mientras estaba absorta en mis pensamientos.
Sigue ahí, sobre la tranquera, manteniendo distancia. Las torcacitas,en el césped, pasean plácidamente, buscando alimento para sus pichones.
En cada hueco, en cada arbusto, se esconden sus nidos con ramitas secas, entrelazadas.
Año a año, vuelven a ocupar los mismos nidos.
Los bienteveos, calandrias, horneros, zorzales, torcacitas y alguna que otra cotorra, le ponen música a la mañana.
Disfrutar de mi jardín,cada día, me da fuerzas para sobrellevar esta cuarentena.
La jardinería es uno de mis mayores placeres. Arreglar los canteros me conecta con la madre tierra y me transmite mucha energía.
Me da mucha felicidad cuando los arbustos y flores, que planté con mis propias manos, crecen y dan sus frutos.
A veces, no se puede describir con palabras o con imágenes, lo que se siente. Por eso me gusta sentarme, a la sombra del gran aromo, cerrar los ojos y dejar que la naturaleza haga su trabajo.
Segunda Parte: "Flores que Hablan, Recuerdos que Resurgen"
En la continuación de esta historia, el jardín sigue siendo un refugio tranquilo donde las flores guardan secretos y los recuerdos se entrelazan con cada rincón.
Con la llegada del verano, las glicinas despliegan sus racimos lila, sumiendo el aire en un festín de fragancias. Las nomeolvides, fieles a su propósito, adornan el cantero recordando el amor que tu abuela te regalaba con cada ramito.
La calandria, traviesa como siempre, sigue deleitándose con pequeños robos al plato de tu perro, y él, paciente, observa la escena como si supiera que es parte de la danza diaria del jardín.
Las calandrias se hacen eco del pasado, recordando la antigua glicina en la casa de tus abuelos. La glorieta de troncos retorcidos y la mesa de material que cobijaba risas y almuerzos. La glicina, una testigo silenciosa de historias compartidas.
Los gorriones revolotean en la glicina, recreando el bullicio animado de tus recuerdos. Cada pétalo alado es una nota en la sinfonía de la naturaleza que tu abuela amaba y que, de alguna manera, te legó como un tesoro intangible.
El bienteveo, fiel observador, parece un espectador asiduo de esta obra diaria en tu jardín. A lo lejos, las torcacitas, con su rutina anual de construir nidos y alimentar a sus pichones, resaltan la continuidad de la vida que transcurre en armonía.
La cuarentena, aunque desafiante, encuentra consuelo en el jardín. La jardinería sigue siendo tu conexión con la tierra y una fuente inagotable de energía. Cada planta, cada brote, es un recordatorio de la vida que persiste, incluso en tiempos inciertos.
Arreglar los canteros se convierte en un ritual terapéutico, una pausa donde la naturaleza te guía. Las manos en la tierra, la mente en calma. A veces, es en ese silencio bajo el aromo, con los ojos cerrados, que sientes la magia de la vida floreciendo a tu alrededor.
Y así, entre flores que hablan y recuerdos que resurgen, tu jardín sigue siendo un santuario donde el tiempo se ralentiza, y encuentras la fortaleza necesaria para enfrentar los desafíos del día a día.
FIN.



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