HISTORIA 28:TÍTULO: “CIRILO”.
TÍTULO: “CIRILO”.
Acompaña a Clara, una valiente mujer que decide comprar esta casona olvidada, buscando un nuevo comienzo. ¿Qué misterios aguardan en sus sombras? ¿Podrá encontrar la redención entre las paredes que la naturaleza reclamó?
Descubre el fascinante viaje de Clara, sus encuentros con el pasado y cómo el presente le ofrece oportunidades para sanar. Una historia que demuestra que, a veces, las segundas oportunidades se encuentran donde menos las esperamos.
¡Lee la historia completa en mi blog y comparte el renacer de Clara con tus amigos!
TÍTULO: “CIRILO”.
Una mañana ,como tantas otras, el sol ya estaba alto en el horizonte.
A estas horas , la actividad comenzó a sentirse en este pequeño pueblo.
Los comercios, comenzaron su rutina.Poco a poco, empezaban a levantar su grandes persianas, todos, como sincronizados.
Pocos transeúntes y algún que otro vehículo,circulaban por sus calles. No porque la hora no lo ameritaba, sino, porque en esta parte del mundo, lejos de las grandes urbes, sus habitantes, se trasladaban en bicicletas o a pie.
Algunos niños, madrugadores, corrían y reían, en pequeños grupos, por la calle.
Otros, acompañaban a sus madres al mercado.
Los pueblerinos se veían muy felices, con su forma de vivir. Se conocían y eran muy amistosos con los visitantes. Sus rostros no denotaban rasgos de grandes preocupaciones.
La tranquilidad lugareña les permitía vivir relajados trabajando en sus granjas o en los pequeños comercios, al tiempo que criaban a sus hijos.
Cirilo, uno más de los habitantes, comerciante, joven soltero, con muy pocas expectativas de contraer matrimonio.
Dueño de una pequeña botica, herencia de sus padres, formaba parte de la comunidad.
Él sabía y tenía conocimiento que no abundaban muchas jovencitas, en edad de casarse.
Las pocas mujeres que él conocía y formaban parte de su comunidad, estaban divididas en dos grupos.
Uno, el que formaban aquellas niñas que todavía no entraban en la adolescencia y el otro, mayoritario, lo integraban las damas casadas y ya con sus familias formadas.
Pero como todo, siempre hay una excepción, y en este caso, también lo había.
A Cirilo, una jovencita, le había robado el corazón, pero ella no lo sabía. Su problema era su timidez que no le permitía acercarse a ella.
Ana, era su nombre, una hermosa joven, soltera, que había llegado a esta comunidad, tan solo, tres años atrás. Una veinteañera, que por orden y mandato de su padre, ( en esa época, sus ordenes se cumplian, sin objeción), se había mudado a la granja de sus abuelos maternos, a varios kilómetros del pueblo.
Los ayudaba, por un lado, a su abuela, en los quehaceres domésticos, de la gran casona familiar , y por otro lado, a su abuelo, en las tareas agrícolas.
Ambos, avanzados en años, ya no podían con tanto trajín.
Esa mañana, Cirilo, estaba decidido a hablarle.
Como todas las mañanas ,se paró, puntualmente, en la entrada de su botica, para verla pasar.
Sabía que ella, exactamente, como todos los días, hacía ese mismo recorrido, a la misma hora. Salía desde la granja de sus abuelos hasta el mercado del pueblo, pasando por su botica, que quedaba en la calle principal.
Nervioso, sacó su reloj de bolsillo, solo faltaban cinco minutos, para las 9,30 horas. Estaba decidido a no dejar pasar un día más,sin hablarle.
Hoy era el día esperado.El iba a poder,solo tenía que presentarse y ser su amigo. -No debe ser tan difícil- Pensó.
Dio un respingo,cuando escuchó que el reloj de pared de su botica, anunció con una campanada las 9,30 horas.
Agudizo los oídos,llegando a percibir, a lo lejos, el ruido,inconfundible de la cadena oxidada, de la bicicleta del viejo Cosme. La única que la usaba,era su nieta Ana.
Se aproximaba lentamente, por el empedrado.
Ese día, como todos los días, montada en la vieja bicicleta, Ana, recorría una corta distancia, desde la granja hasta el mercado. Llevaba algunas conservas para vender y también comprar algunos víveres.
Era una tarea que disfrutaba mucho. Todos los días, en ese mismo trayecto, encontraba algo nuevo que la maravillaba.
Apenas salía de la granja, circulaba por un camino, donde a ambos lados, la saludaban los frutales en flor de las granjas vecinas.
Se regocijaba con el perfume embriagador de sus flores.
Al acercarse al pueblo, se deleitaba con la gama de colores, de las flores que colgaban de los pequeños balcones.
En este corto tiempo, de su estadía, ya todos la conocían y a su paso, la saludaban por su nombre, o los hombres hacían un pequeño gesto ,con su sombrero.
Algunas mujeres, cuchicheaban entre ellas, a su paso, pero Ana, seguía su camino sin inmutarse.
Era una muchacha muy amable, todos la adoraban. No tenía enemigos.
Mientras avanzaba con su bicicleta desvencijada, cantaba, con su dulce voz, una pegadiza y tonta canción, que había escuchado en la radio, cuando desayunaba.
Cirilo,sentía que ella estaba muy cerca. Podía escucharla cantar.
Se le hizo un nudo en la garganta. Tenía que animarse, aunque solo fuera un saludo.
Como todos, él también sabía su nombre. Lo repetía hasta el cansancio y cada vez le parecía más bonito.
Caminó unos pasos, se acercó al final de la acera, donde se une con la calzada, en el momento justo, ni un minuto más ni uno después, justo a las 9,30 horas.
Vio a la hermosa joven, avanzar por la calle empedrada, con su tupida cabellera negra azabache.
Llevaba una falda floreada. Las flores del estampado,en tonos pastel, parecían flotar en el aire.
Una enorme capellina protege su pálido rostro del sol mañanero.
El no podía verla directamente a los ojos, el sombrero se lo impedía.
El aire se llenó de una aroma dulzor, Cirilo conocía de memoria, su perfume frutal, le quedaba grabado en su memoria olfativa, por horas.
Solo unos metros, los separaban. En ese momento, Cirilo, sintió que el mundo dejó de girar, que todo pasaba más lento, como en cámara lenta, como en diapositivas.
No podía despegar sus ojos de la muchacha, de Ana. Ella percibió que un par de ojos la observaban, del otro lado de la acera.
Con una de sus manos, inclinó levemente su capellina y con la otra siguió conduciendo su bicicleta.
Elevo su mirada hacia el joven que tenía enfrente. Sus miradas se entrecruzan por un instante, Cirilo no supo si fue un segundo o una eternidad, solo sintió, como si el suelo se abriera a sus pies y quiso hablar, pero de sus labios no salió ni un mínimo sonido.
Otra vez la timidez lo había vencido.
Ana lo miró. Miró a aquel joven de rostro sonrojado, solo por un segundo, luego inclinó su cabeza, muy suave, en señal de saludo, no sin antes regalarle una hermosa y tierna sonrisa.
Siguió su camino, presurosa, hacia su destino. Ya estaba más cerca.
Cirilo quedó apesadumbrado, sin poder moverse, hasta que la joven desapareció de su vista.
pensó:- mañana lo intentare nuevamente, solo tendre que practicar un poco mas y vencer mis miedos.-
Sentía que Ana le había robado el corazón y que ya su vida no iba a ser la misma, de ahora en más.
Y así, despertó de su ensueño, volvió al interior de su botica, donde lo esperaban un par de clientes.
Al tiempo que cerraba la puerta, tras sus pasos, sonrió, al recordar el fugaz encuentro con Ana. Y pensó :- mañana será otra oportunidad- Y siguió con su rutinaria vida, con su mejor predisposición.
Así se lo ve a Cirilo, tras ese enorme mostrador de madera, tan alegre, educado y tímido a la vez. Lo que nadie sospecha, es que él guarda un gran secreto.
Sufre en silencio por un amor imposible. Sabe que su mayor defecto , su timidez, va a ser más poderosa que su corazón y nunca podrá ser feliz. CONTINUARA!!
TÍTULO: “UNA NUEVA OPORTUNIDAD”
(2da PARTE DE “CIRILO”).
Esa mañana cuando salí muy temprano, con el sol asomando sobre los picos nevados,nunca imaginé que mi vida iba a dar un gran vuelco.
Abandonó la pintoresca habitación que rentaba ,en la gran casona de Los Rodriguez.
Por cierto,familia muy conocida en la comarca y alrededores por su gran hospitalidad y sabrosas comidas.
La propiedad ocupa una de las esquinas de la calle principal del pueblo, consta de dos plantas y un gran jardín, con flores y arbustos de estación,que decoran su explanada.
Recorrí a pie, los pocos metros que me separan del puesto de diarios.
Compré la primera emisión matutina ,recién salida de la imprenta.
Antes de recibir el vuelto del vendedor,ya estaba pasando las hojas,buscando el apartado de ventas y /o alquileres de propiedades.
Siguiendo mi instinto,busque, y encontre uno aviso que me llamó la atención y decía:
“Busco con urgencia comprador o compradora (prefiero compradora)
A quien le interese adquirir unas parcelas de tierra con una vieja casona familiar.( a refaccionar).
Mis abuelos ya partieron de este mundo y sola no puedo con tanto trajín.
Quien adquiera esta propiedad deberá contar con gran valentía y fortaleza para sobrevivir por estos lares.
Prefiero que sea mujer ,aguerrida, quien la compre,para que pueda ser tan feliz como lo fui yo,en estas tierras.” ANA.
Firmo solo así ,Ana, ya continuación dejo una pequeña reseña detallando la ubicación.
Pense :- porque no?.
Tantas veces soñé con un cambio y ahí estaba frente a mis narices,una gran oportunidad.
Pero nada estaba dicho,aún. No había que apresurarse.Ya estaba cansada de ese patético trabajo de oficina y no pensaba volver.
Redactaba notas triviales para una revista que nadie compraba.
Trabajo monótono, mal pago y mi oficina era un cubículo de 2 x 2. Trabajando de lunes a viernes sin descanso ni vacaciones.
Cuando por fin decidí tomarme unas vacaciones, realmente las necesitaba. Mi jefe,me las nego. Hacía 5 años que trabajaba sin descanso y aguantando su mal genio.
Ahí mismo,sin pensarlo demasiado, presenté mi renuncia.
Firmé mi renuncia,lo mire y abandoné la oficina,sin mirar atrás.
Corrí sin aliento hasta mi departamento. Lo tenía decidido,el viaje lo iba a hacer igual.
Contaba con lo poco que me habían pagado y en una cuenta bancaria,algunos ahorros. Podría sobrevivir un tiempo sin trabajar.
Prepare un bolso con mis pocas pertenencias,busque mi abrigo,las botitas para la nieve,cerré todo, no sin antes,echar una ojeada al lugar,como despedida.
El cuartito que alquilaba estaba ubicado en la buhardilla de un viejo edificio. No era muy lindo, frío en invierno y caluroso en verano, tenía muy pocos muebles,pero estaba muy bien ubicado. Así ahorraba en el tranvía.
Abroche todos los botones de mi saco, levante la solapa gastada a modo de abrigo, y sonreí. Empecé a bajar los escalones, poco iluminados, por última vez.
Pase por portería y entregue las llaves,no hubo preguntas.
Junto a la puerta de salida había un taxi, subí y pedí que me llevara a la estación de trenes. Quedaba en el otro extremo de la ciudad, disfruté el viaje como un turista más. Esto no era para mi. No quería volver.
Al llegar ,compré un boleto al primer destino que figuraba en la gran pizarra de mi izquierda. No importaba si no conocía el lugar, lo importante era salir de ahí.
Acá estoy, en este pueblito, perdido entre montañas, alejado del tránsito ruidoso y de las aglomeraciones.
Muy ,de vez en cuando, pasa un auto,por las calles de adoquines.
El paraíso para mí, la paz que estaba buscando. Ahora tenía que averiguar cómo llegar a esa granja y conocer a esa misteriosa “Ana”. CONTINUARA.....
14/01/2024 . Tercera Parte de “CIRILO”
TÍTULO: Renovando la Vida:
“Clara, Ana y La Casa que conecta generaciones”
Esa mañana, con el billete de tren en mano y la emoción latente en mi pecho, me dirigí hacia el andén.
El sonido de las ruedas del tren sobre los rieles se hacía cada vez más fuerte, y en ese momento supe que mi vida estaba a punto de cambiar de manera significativa.
Al subir al tren, me sumergí en la lectura del periódico, sopesando las palabras de Ana.
Me intrigaba la idea de adquirir esas parcelas de tierra, con la promesa de una vieja casona familiar por refaccionar.
La idea de empezar de nuevo, lejos de la monotonía de la oficina, se volvía cada vez más atractiva.
El viaje en tren transcurrió entre paisajes cambiantes, montañas y valles que se desplegaban ante mis ojos.
Mientras el tren se deslizaba hacia mi destino desconocido, mi mente divagaba entre las posibilidades que la vida en ese pueblo remoto podría ofrecerme.
Al llegar, me encontré en una estación pequeña, rodeada de silencio y naturaleza.
No había señales de la bulliciosa vida citadina, y eso me llenaba de alivio. Con el mapa en mano, me dirigí hacia la dirección indicada en el anuncio de Ana.
Caminé por calles adoquinadas, con las casas de estilo rústico flanqueando.
Mientras me alejaba de las pocas casas habitadas y silenciosas,el aire fresco de la montaña me envolvía ,me envolvía ,me di cuenta de que estaba ansiosa de empezar esta nueva etapa.
Camine unos km, y al pasar una plantación de frutales,divisé la casona de los Rodriguez,majestuosa y llena de historia.
Decidida, toqué la puerta de la propiedad.
Unos segundos después, una mujer mayor, con la mirada llena de sabiduría y calidez, me recibió.Era Ana ,que había dejado aquel anuncio en el periodico.
—Hola, soy la que busca la propiedad. Mi nombre es Clara —me presenté con una sonrisa nerviosa.
Ana me invitó a entrar y, entre tazas de té y conversaciones, conocí la historia de la casona y las tierras que la rodeaban. Me habló de sus abuelos, de los días felices y de los desafíos que enfrentaba sola.
La casona, aunque necesitada de reparaciones, emanaba una energía especial. Ana compartió su deseo de verla llena de vida nuevamente, y yo sentí que este era el lugar al que pertenecía.
Así comenzó mi nueva vida en ese pintoresco pueblo entre montañas.
Los días se llenaron de trabajos en la casona, encuentros con los vecinos, y paseos por los senderos que serpentean por el paisaje montañoso.
Cada día, la casona recobraba su esplendor, y yo descubría la paz y la felicidad que tanto anhelaba.
En ese rincón apartado del mundo, encontré más que un refugio; encontré un hogar y una comunidad que me acogió con los brazos abiertos.
La historia de la casona y de Ana se entrelaza con la mía, creando un capítulo nuevo y emocionante que nunca hubiera imaginado aquella mañana cuando salí muy temprano con el sol asomando sobre los picos nevados.
Con el paso de las semanas, mi conexión con la comunidad se fortaleció.
Los vecinos se convirtieron en amigos, y juntos emprendimos la tarea de devolverle a la casona su antigua gloria.
Los días se llenaron de risas, historias compartidas alrededor de la chimenea y trabajo duro.
Ana, a pesar de su edad, se involucró con entusiasmo en el proceso de renovación.
Sus consejos y recuerdos se convirtieron en una guía invaluable.
Descubrimos secretos escondidos en rincones polvorientos y encontramos reliquias familiares que contaban la historia de generaciones pasadas.
Con el tiempo, la casona se transformó en un remanso de belleza y confort.
Las flores del jardín florecieron, y la vieja estructura recuperó su esplendor.
Las ventanas restauradas dejaban entrar la luz del sol y ofrecen vistas impresionantes de las montañas circundantes.
Mi vida también tomó nuevos rumbos. Me sumergí en la vida del pueblo, participando en eventos locales y contribuyendo a iniciativas comunitarias.
La tranquilidad y la serenidad que anhelaba encontraron su hogar en este lugar.
Con el tiempo, la comunidad organizó una celebración para agradecer la revitalización de la casona y para dar la bienvenida a una nueva integrante.
Me sentí parte de algo más grande, de una red de apoyo y amistad que nunca habría imaginado.
La historia de Ana y la mía se entrelazaron aún más, convirtiéndonos en cómplices de nuevas aventuras.
Juntas, exploramos los senderos que rodeaban el pueblo, compartimos risas en las noches estrelladas y disfrutamos de la compañía mutua.
En este rincón escondido entre montañas, descubrí que la vida podía ser simple y hermosa. Cada día traía consigo nuevas sorpresas y oportunidades de crecimiento.
La casona, una vez olvidada, se convirtió en el epicentro de mi felicidad, un símbolo de segundas oportunidades y de la magia que puede ocurrir cuando nos aventuramos en lo desconocido.
Han pasado algunos años desde que Clara llegó al pintoresco pueblo entre montañas y transformó la antigua casona de los Rodriguez en su hogar.
La historia de Clara y Ana continúa, marcada por el crecimiento personal, la solidificación de la comunidad y la consolidación de amistades duraderas.
La casona, una vez en ruinas, se convirtió en el epicentro de eventos comunitarios. Clara y Ana organizaron festivales, mercados de agricultores y actividades culturales que revitalizaron el espíritu del pueblo.
La casa, ahora llena de risas y calor humano, se había convertido en un faro de conexión y amistad.
Clara se involucró activamente en proyectos de sostenibilidad local. Junto con otros residentes, crearon un huerto comunitario y promovieron prácticas ecológicas.
La antigua oficinista encontró un nuevo propósito en la vida, guiando talleres y eventos educativos sobre vida sostenible.
Ana, por su parte, disfrutó de los años tranquilos rodeada de una comunidad amorosa.
Su sabiduría y experiencia continuaron siendo un faro para los más jóvenes.
Aunque el tiempo avanzaba, la chispa en sus ojos no se apagaba, y seguía siendo una presencia apreciada por todos.
La amistad entre Clara y Ana se profundizó con los años. Compartieron momentos de alegría y también superaron desafíos juntas.
Cada invierno, la casona se llenaba de risas e historias alrededor de la chimenea, creando recuerdos imborrables.
Clara, inspirada por la belleza del entorno, comenzó a explorar su creatividad. Estableció un pequeño estudio de arte en la casona, donde ofrecía clases a niños del pueblo.
Sus pinturas, inspiradas en las montañas y la vida rural, se volvieron apreciadas en la comunidad y más allá.
El pueblo, gracias a los esfuerzos de Clara, Ana y otros residentes comprometidos, se convirtió en un destino turístico sostenible.
Los visitantes llegaban para experimentar la serenidad de las montañas, participar en eventos comunitarios y sumergirse en la rica historia de la casona.
A medida que los años avanzaban, Clara y Ana compartieron la felicidad de ver cómo la casona, antes en ruinas, se llenaba de vida y significado.
El pueblo floreció, y la casona de los Rodriguez se convirtió en un símbolo de la resiliencia y la renovación.
La historia de Clara y Ana no solo se quedó en la transformación de una antigua propiedad; se convirtió en un legado que inspiró a generaciones futuras.
Las montañas seguían testigos silenciosas de la vida que florecía en su sombra, y la casona se mantenía como un recordatorio de que, a veces, el cambio más significativo puede surgir de los lugares más inesperados.
A medida que Clara y Ana continuaban su vida en el pintoresco pueblo, Ana compartió con Clara algunos de sus recuerdos más preciados.
Una tarde, mientras exploraban el jardín de la casona, Ana desenterró una caja llena de cartas amarillentas y fotografías en blanco y negro.
Entre esas cartas, Clara descubrió la historia de un amor no correspondido que había marcado los años de juventud de Ana.
Cirilo, un joven apasionado y tímido del pueblo, nunca se había atrevido a confesar sus sentimientos por miedo al rechazo.
Ana, con una mezcla de nostalgia y melancolía, le contó a Clara sobre las tardes de verano en las que ella y Cirilo compartían risas y miradas cómplices.
Sin embargo, el amor no expresado permaneció en el aire, y la vida los llevó por caminos diferentes.
Inspirada por esta historia, Clara ideó un plan para reunir a Ana y Cirilo después de tantos años.
Con la ayuda de algunos vecinos, organizaron un evento sorpresa en la casona, donde Ana y Cirilo pudieron encontrarse de nuevo.
El reencuentro fue emotivo. Cirilo, ahora un hombre maduro con el mismo brillo en los ojos, confesó finalmente sus sentimientos que habían permanecido ocultos por décadas.
Ana, sorprendida y emocionada, aceptó sus palabras con una sonrisa que dejaba entrever la felicidad que había estado guardando.
A partir de ese día, Ana y Cirilo comenzaron una nueva etapa en sus vidas.
Juntos, compartieron experiencias, risas y, por fin, expresaron el amor que había esperado tanto tiempo para florecer.
El pueblo celebró la unión de estos dos corazones que, a pesar del tiempo perdido, encontraron el camino de regreso el uno al otro.
La casona, testigo de tantas historias, ahora albergaba el amor reavivado de Ana y Cirilo.
El jardín florecía con nuevos colores, reflejando la renovación no solo de la propiedad, sino también de los corazones que la habitaban.
La historia de Clara, Ana y Cirilo se convirtió en un capítulo aún más hermoso y completo, demostrando que, a veces, el amor perdido puede encontrar su camino de regreso incluso después de décadas.
Bajo el techo de la casona, donde el pasado y el presente se entrelazan, Clara, Ana y Cirilo descubrieron que el amor puede esperar, pero nunca se desvanece.
Entre risas compartidas, flores que vuelven a florecer y corazones que finalmente se encuentran, encontraron en este rincón de montañas no solo un hogar, sino una historia de resiliencia, renovación y amor eterno.
P.D.: "Así, entre risas que resuenan en las montañas y susurros de historias compartidas, la casona de los sueños guarda secretos de amores reencontrados y nuevos comienzos. Que esta historia sea un recordatorio de que, incluso en los rincones más remotos, el amor puede tejer su magia, renovando no sólo las paredes de la casona, sino también los corazones que la habitan."
FIN.



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