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HISTORIA 13: TITULO : "HILDA".

  TÍTULO: “HILDA”.



  

Llegaste a este país con unos pocos años de edad, de Ostrava, Checoslovaquia, hoy República Checa, acompañada por tu madre. 

En un gran barco, a un país desconocido,con muchos miedos y esperanzas puestas en el futuro.

Dejaste atrás un país, que pronto enfrentaría una gran guerra.

Pasaron los años y fueron superando los problemas, con mucho valor y formando su propio destino. 

Tu familia, se fue amoldando poco a poco, a esta nueva vida.

Trabajaban desde el alba, hasta el anochecer, sin descanso, cada uno en sus tareas.

 Así, pasaban los años, con grandes cambios para todos. Extrañando su terruño.

 Las mañanas se impregnaban con el aroma del pan recién horneado y del mate cocido.

La cocina a leña, siempre encendida, y el aroma de las comidas,perfumaba los rincones de la casa.

Las tardes, se hacían cortas, cuando las mujeres de la familia se sentaban a zurcir medias, remendar ropa o terminar las labores de tejido o bordado.

Siempre había tiempo para estudiar. También para recibir visitas, los domingos.

 Las charlas se hacían más amenas cuando la dueña de casa, ofrecía masas caseras acompañadas por un humeante té en hebras.

Tu niñez, fue dejando paso a la adolescencia, donde no se hacían amigas fácilmente.Los días se pasaban trabajando y no quedaba mucho espacio para el ocio.

El guardarropas se complementa con tres mudas: una para las tareas de la casa, otra para los mandados y otra para los paseos y eventos de familia.

Era todo un acontecimiento cuando llegaban noticias del otro lado del mundo.

Mientras tanto, de este lado del océano, se mandan encomiendas, por barco, con comida enlatada y ropa de abrigo,hecha en casa. 

Pero esa es otra historia…

Más de 20 años han pasado desde tu partida, aunque, sigo extrañándote como el primer día.

Mis pesadillas siguen estando ahí, desde aquel 23 de mayo de 1996,donde supimos de la peor manera, que ya no pertenecías a este mundo, a mi mundo.

Te fuiste, sin despedirte, de todos aquellos que te amamos,así sin más,te fuiste.

No me diste la oportunidad de decirte muchas cosas, palabras que nunca verán la luz.

Algunas noches, me despierto, sobresaltada, te sueño y tu imagen aparece, tan real, junto a mi cama.

Todos estos años pensando cómo hacer para plasmar tantos recuerdos e historias que nos unieron,buscando la manera,creo que estas hojas en blanco,me están dando esa oportunidad.

Siempre supiste atraparme con tus historias de antaño. Algunas claras y otras un poco confusas. Pero Dignas de ser escuchadas.

La mayoría de las veces interrumpidas por el abuelo,preguntando por el almuerzo.

 Todo esto y mucho más,formaba parte de nuestros encuentros invernales y de verano, cuando el receso escolar lo permitía.

  Tantas cosas pasaron, en todos estos años, no podría enumerarlas a todas.

Tenemos nuestra casita,con mi propio jardín, que tantas veces soñamos juntas.

Tengo nomeolvides y por supuesto,la ramita para que nunca te olvide,guardada ,entre las páginas de mi libro favorito.

Guardo con recelo, una ramita de orégano de tu huerta, entre las recetas del libro de cocina,que me regalaste cuando me casé.

Extraño el aroma a café con leche ,por las mañanas, las tartas dulces,los pandulces con muchas frutas y pasas de uvas rubias y negras, la sopa de verduras frescas con cabellos de ángel,en las noches frías de invierno.

Fuiste abuela, madrina, madre,amiga, confidente,todo eso y mucho más. Todo en una sola persona. Siempre estabas cuando te necesitaba.

Recuerdo tu pelo blanco, tu mirada triste, y profunda,tu rostro marcado por las huellas que dejó el paso del tiempo.

Extrañar tus manos temblorosas,tomando las mías. Tu lento andar,arrastrando los pies.

Sigo escuchando,el sonido que hacían tus pantuflas, cuando te levantabas,por las mañanas, y te diriges a la cocina a preparar el desayuno.

Ese sonido determinaba, mi salida a la panadería de la otra cuadra, por medialunas para el abuelo y churros calentitos para mi.

Mientras, el café y la leche,tomaban temperatura en las hornallas,acompañabas al abuelo con unos mates,en la cama,mientras él leía el diario.

Llegaba el desayuno en la cocina,las charlas mañaneras, los preparativos para el almuerzo y las compras. Yo siempre estaba dispuesta a acompañarte.

Mientras todo esto se desarrollaba,el abuelo, como todas las mañanas, con el diario bajo el brazo y su pipa humeante, se instalaba ,en su sillón preferido, en el gran comedor de la casa.

A veces, le gustaba escuchar algunos de sus discos de Mariano Mores o Zarzuela o música clásica.

Cerraba los ojos,fumaba su pipa y se perdía en sus pensamientos.

Las notas musicales,se desplazaban por toda la casa y llegaban a la cocina,para mezclarse con los vapores que brotaban de la ollas.

Me encantaba sentarme en un rincón y observarte mientras cocinabas.

Extraño esas interminables charlas, abuela-nieta. Quedarán grabadas en mi memoria,palabra por palabra. 

Tus gestos al hablar, el movimiento de tus manos, tu risa, tus caricias y tus abrazos.

A veces,te alcanzaba algunos de tus pañuelos,muy rara vez, cuando aflojaba alguna lágrima,cuando un recuerdo dolía en el alma

Tus historias me maravillaban y a veces, las complementabas con clases de tejido.

Como no respetar tu corta siesta mañanera, antes del almuerzo.

Te alejabas por media hora y volvías renovada, a seguir con tus quehaceres.

Había una,un poco más larga, después del almuerzo.Te buscaba y descansabas en el sofá-cama del comedor. 

  Tomaba una manta tejida, que tenias a tus pies y te tapaba.Me alejaba,en puntas de pie, para no molestarte,mientras  observaba, tu semblante tan tranquilo.

Una de mis historias preferidas,era, cuando ,contabas, quienes habían sido los dueños originales de la gran casa familiar.

Una escultora,si mal no recuerdo. El diseño del jardín y las pocas esculturas que quedaban, así lo demuestra.

Tu patio era hermoso en todas las estaciones del año,sus grandes pinos, se elevaban por sobre todo lo demás. 

El sendero de piedras, al costado de la medianera, invitaba a recorrerlo y disfrutar de los arbustos en flor y escuchar el trinar de los pájaros.

Cobijada por una enorme glicina, con su tronco retorcido, se ubicaba estratégicamente, una larga mesa de concreto,testigo silenciosa de tantos bellos momentos,compartidos en familia.

Cuando el día lo ameritaba ,las comidas se disfrutaban en los sofocantes mediodías estivales, debajo del enmarañado follaje. Apenas se filtraban algunos rayos solares.

Amaba las cenas navideñas,en la gran mesa del comedor,cuando logras juntar a todos  tus hijos y nietos. Era toda una fiesta. 

Que paso con toda esa linda época?  ¿Dónde se fue? ¿Dónde nos fuimos?

Ahora la mesa larga del patio luce olvidada, en el tiempo, mustia, con su pintura descascarada.Sufre los avatares del tiempo y la lluvia.

Algunas flores,yacen  a sus pies. El ramaje de la glicina,descuidada, abandonada, ha invadido recovecos y cae, en partes,hasta el suelo, por su propio peso.

El jardín, era un deleite para los ojos de quien se detuviera a observar.

Mezcla de colores y olores, invaden el aire. Las dalias se recostaban sobre los caños ornamentales de la glorieta. 

Las rosas multicolores y el jazmín con su perfume embriagador,le daban un toque especial al jardín.

El laurel de jardín, ya convertido en árbol, con sus infinitas flores rosadas, resguarda, a sus pies a un león recostado.

Una de las pocas estatuas que quedaron de su anterior dueña.

Con su mirada desafiante, pareciera indicarnos que él, es el único dueño del jardín y guardián del lugar. 

El perfume de los pinos, un condimento más, de aquel paraíso terrenal.

Al final del camino, nos lleva a una pintoresca planta de quinotos.

Donde, en nuestra niñez, más de una vez, nos peleamos con nuestros primos,por sus dulces frutos.

Cómo no recordar,esas inmensas hamacas con forma de barco, que había construido el abuelo.  

Moles de hierro usadas por sus hijos, deleite de sus nietos y por suerte, pudieron disfrutarlas también mis hijos, sus bisnietos.

Tres generaciones pasaron por esas hamacas.

  Flores y  frutos por doquier, armonizaban perfecto con el ambiente.

Esperaba ansiosa , al igual que mis primos, la llegada del verano, para recolectar moras. Sus ramas, se entrelazaban con el jazmin amarillo.

Era todo un acontecimiento: colocamos una manta, por debajo de la planta, en el suelo, bien extendida y después sacudimos sus ramas.

Las moras maduras caían por su propio peso . Nuestras manos y ropa, se teñían de morado, ¡no importaba!.

Ya teníamos la cantidad suficiente ,de moras, para que nos hicieras dulce.

Junto a la bomba de agua, en desuso, daba sus frutos un inmenso limonero. Sus brazos retorcidos, cargados en exceso, se doblegaron por su peso.

Los rayos de sol, caían perpendicularmente sobre los matorrales de alegrías del hogar florecidas.

Cubrían los grandes canteros, que rodeaban la gran mesa del patio.

Sus flores multicolores atraen colibríes y mariposas, deseosos de beber su néctar.

Junto a estos canteros, se ubican bancos pintados de celeste, al igual que la mesa y los caños ornamentales,cómplices de nuestros juegos de niñez.

Soñar con las vacaciones en tu casa,era muy emocionante. Ansiaba que los días pasarían volando.

Me encantaba cuando los sorprendemos y llegamos de sorpresa.

Tocábamos el timbre, insistentes, y salías enojada, dispuesta a reprender  a algún jovencito inoportuno.

Disfrutamos tu cara de sorpresa al vernos, junto a la reja de entrada.

Habíamos recorrido muchos kilómetros para vernos. Nuestras manos  no alcanzaban para tanto abrazo, las voces se alzaban y las risas llenaban el aire.

En un segundo, todos queríamos “ponernos al día” con todas nuestras cosas,que nos pasaron, el tiempo que estuvimos separados.

Ya tendríamos tiempo para eso. Después había que repetir todo para el abuelo, que nos recibía, calmo, en su sillón, fumando su pipa.

Disfrutamos cada minuto, porque sabíamos que en algún momento,teníamos que volver ,cuando las vacaciones lleguen a su fin.

Odiaba ese momento. Siempre nos despedían con lágrimas en los ojos, como si fuera la última vez que nos veríamos y una vez si lo fue….

En muy poco tiempo, nos poníamos al día con todo. Siempre teníamos tema de conversación, aunque hiciera frío, calor o lloviera torrencialmente.

Si salíamos de compras, todo nos llamaba la atención. Volvemos cargadas con ropa, zapatos, comida, juguetes y muchas cosas más.

Felices, corrimos a mostrarle al abuelo, que nos esperaba ansioso, porque sabía que después ,llegaba el almuerzo.

Cuando ya tu cuerpo, no permitía tanto trajín, me dejabas hacer el paseo sola, pero no sin antes, darme una larga lista de recomendaciones. Pero no era lo mismo.

Recuerdo los olores de todas las delicias que cocinabas.

  Y si no tenias ganas de hacer la cena, disfrutamos de unos emparedados de jamón crudo y queso, mirando televisión en el living.

Tu tiempo se dividía en atender al abuelo, tu casa y las labores.

Siempre tenías varias empezadas, cuando te cansabas de una ,seguías con otra.

Los días de lluvia, también se disfrutaban, aunque no pudiéramos salir.

Escuchar el ruido de la lluvia, era mágico. Muchos años pasaron de esa bella época. ¿Qué será de la casa?  ¿De las flores? De los pinos? ¿De los pájaros?

Ya no resuenan tus pantuflas, en el eco de las paredes, tampoco nuestras risas, cuando jugábamos al dominó ,en el comedor.

La cocina está en tinieblas, no se sienten los olores de tu comida.

Ya no te tengo para que me cocines cosas ricas ,ni para aprender de tus clases de tejido.

Nos dejaste sin un adiós y a los pocos meses, el abuelo, también se fue, para estar a tu lado. ¿Con quién voy a pasear por los senderos del jardín?

Ahora ,en tu casa, se respìra la humedad. Los árboles no cobijan a nadie, a su sombra.

Los canteros están vacíos. Las ramas de la glicina  han invadido todo. El césped cubre cada recoveco.

El frente de la casa ya no es el mismo, grandes cadenas amarran las rejas.

La gran flor de pájaro, sigue floreciendo, como esperando, que cortes sus flores.

Las piedras de la fachada no brillan y el farolito con su vitraux, de la entrada, luce olvidado y cubierto de telarañas.

Las tejas coloniales se han descascarado y algunas ya no están en su sitio, lucen en forma desordenada,en el césped.

Nadie abre las grandes persianas grises de los ventanales,por las mañanas.

Solo se respira humedad y la tristeza se hizo dueña absoluta, de toda la casa, filtrándose por cada rincón.

El olor a humedad golpeo mis pulmones. El polvo se adueñó de cada mueble, de cada objeto.

Los espejos me devolvieron una imagen fantasmal.No hay flores en los floreros, ni adornos en los muebles.

Nunca más veré las humeantes ollas sobre las hornallas.

El silencio invade cada espacio. Las cortinas tiesas ,cubiertas de polvo, ya no se balancean con la brisa mañanera.

Recorrí cada rincón, como loca buscándote, abriendo puertas y cajones, buscando algo, alguna prueba, que demostrara que seguías ahí.  Que todo era una pesadilla. Un mal sueño.

No pude encontrar nada, solo polvo y telarañas.Hasta el día de hoy, sigo preguntándome :¿por qué te fuiste?Tantas cosas nos faltaron compartir.

Sé que tu vida no siempre fue color de rosa. Lograbas salir adelante, sacando fuerzas de donde no tenías y apoyándote en el abuelo. Tu gran compañero de vida.

Nunca sabré si llegaste a contarme todo, seguro que no. Pero de algo estoy segura, es que tus palabras y enseñanzas quedarán grabadas a fuego, dentro mio.

Quedarán muchas preguntas sin respuesta.

 Cada fecha importante en mi vida, siempre estabas presente, de alguna manera, ya sea enviando una carta, una tarjeta postal o una llamada telefónica.

Muchas cosas, hasta el día de hoy, las sigo guardando, como mi tesoro más preciado.

Volví a la casa de la playa buscándote, pensando que podía llenar un poco de vacío, pero no fue así.

Tu imagen está intacta, perdura, a través del tiempo.

El ruido de las olas se pierde en el silencio.

La silueta de un barco, alejándose, acompaña al sol, que se despide, en el firmamento.

Llegará la noche sin luna, oscuridad fantasmal, semejante, a la que llevo en el alma.

Todavía no tomo conciencia que nunca volveremos a vernos.Para muchos, esta no es una gran historia donde no se han contado grandes hazañas épicas ni amores prohibidos ni historias de suspenso.

Solo es una historia, contada en primera persona, cómo se sufre cuando una persona que amamos con la vida, nos deja.

Seguramente, nuestras almas seguirán unidas, a través del tiempo y espacio.

A pesar de la distancia, en km, mi abuela materna y yo siempre estábamos unidas.

Y seguiremos estando, a pesar de que el destino nos jugó una mala pasada y decidió llevarte de nuestro lado.

Cuando pasen los años, en un futuro, no muy lejano, me encontrare sentada, en el pórtico de mi casa, junto al mar. Mi casa soñada. 

Allí estaré, viendo como cae la tarde, sobre el firmamento.

Las sombras de la noche, se van apoderando de todo, a su alrededor.

El lucero se enciende, a su lado, otra estrella y otra y otra.

Al verlas imagino que estarás sentada junto al abuelo, tomados de la mano, sonriéndome.

Deseo de todo corazón, que estén en un mundo mejor, sin tanta maldad ni egoísmo.

Mis labios temblorosos, murmuran un gracias infinito, que se pierde en la brisa marina.



Título: "El Susurro del Pasado" .PRIMERA PARTE:


En el umbral de lo que alguna vez fue un hogar lleno de risas y calidez, ahora se alza una morada envuelta en el silencio sepulcral del olvido. 

La humedad se cierne en el aire, testigo mudo de los años transcurridos.

 Los árboles, antaño protectores, se yerguen solitarios, sus ramas extendiéndose como dedos buscando un pasado perdido. 

Los canteros, antes rebosantes de vida, yacen desolados, cubiertos por las enmarañadas ramas de una glicina que ha reclamado su territorio.

Las cadenas sujetan las rejas que alguna vez dieron la bienvenida con alegría, ahora parecen enjaular los recuerdos que yacen dentro.

 La gran flor de pájaro, en un gesto de perseverancia, continúa su florecimiento, como si aguardara en vano el regreso de una vida que ya no volverá.

La fachada ha perdido su antiguo esplendor, eclipsada por el paso del tiempo. 

El farolito, testigo de bienvenidas pasadas, se encuentra oculto tras un manto de telarañas, sus colores desvanecidos por la falta de atención.

Las tejas coloniales, una vez orgullosas en su lugar, ahora yacen dispersas por el césped, como testigos mudos de un pasado olvidado. 

Las persianas grises permanecen cerradas, negándose a dejar entrar la luz del día y revelar los secretos que yacen en la penumbra.

En cada rincón, la tristeza se palpa en el aire, como un eco del pasado que se niega a desaparecer.  

El polvo se acumula sobre muebles y adornos, como un velo que cubre los recuerdos de días mejores.

Los espejos reflejan una imagen distorsionada de lo que una vez fue, una sombra de lo que solía ser.     

No hay flores en los floreros, ni aroma a comidas caseras flotando en el aire. 

El silencio es la única compañía, interrumpido solo por el susurro del viento entre las cortinas cubiertas de polvo.

Recorrer cada habitación es como un viaje al pasado, un intento desesperado por encontrar algo, cualquier cosa, que traiga de vuelta los días de felicidad. 

 Pero solo encuentra vacío, polvo y telarañas, un recordatorio silencioso de un hogar que alguna vez estuvo lleno de vida.  


Título: "El Eco del Recuerdo”: 21/02/20.

     “Un Viaje al Pasado en la Casa de la Playa".


SEGUNDA PARTE:


Una vez más, me aventuré hacia la casa de la playa en busca de respuestas que tal vez nunca encontraría. 

El viento meció suavemente las palmeras mientras mis pasos resonaban en la arena, recordando los días en los que caminábamos juntas por la costa, con la esperanza anidando en nuestros corazones y el futuro extendiéndose ante nosotros como un lienzo en blanco.

 Pero ahora, el sonido de las olas se había transformado en un eco distante, un recordatorio constante de la fugacidad del tiempo y la fragilidad de la memoria. 

Tu presencia, aunque ausente físicamente, se sentía en cada rincón de la casa, como si las paredes mismas conservaran los susurros de nuestras conversaciones y las risas compartidas.

El sol, cansado de su jornada, se despedía en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos dorados y naranjas que parecían arder en la distancia. 

La silueta de un barco se recorta contra el resplandor del atardecer, navegando hacia el horizonte como un testigo silencioso de nuestro amor perdido en el mar.

Con el crepúsculo llegaba una oscuridad que parecía envolverlo todo, como un manto de melancolía que se posaba sobre la playa. 

  En la penumbra, los recuerdos se volvían más vívidos, más palpables, como si el pasado se negara a ser olvidado y se aferrara a mi alma con garras invisibles.

Caminé por la playa, dejando que la brisa marina acaricia mi rostro, llevándome de vuelta a esos momentos compartidos que parecían desvanecerse en la distancia. Cada paso era un viaje al pasado.

En esta casa de la playa, donde los recuerdos se entrelazan con la arena y el mar, seguía buscando respuestas que tal vez nunca encontraría. 

Pero incluso en la oscuridad de la noche, tu imagen permanecía intacta en mi mente, un faro de luz que me guiaba a través de la oscuridad.

Así, entre el susurro de las olas y el resplandor del crepúsculo, continuaba mi viaje al pasado.

En la serenidad de la noche, envuelto por el susurro del mar y el resplandor de las estrellas, encontré una paz que había estado buscando en vano.

 Acepté que algunas respuestas nunca llegaron y que, en cambio, el verdadero tesoro residía en los recuerdos que habíamos compartido.

En el silencio de la casa de la playa, donde los recuerdos fluyen como las olas del mar, encontré consuelo en la certeza de que el lazo entre mi abuela y yo trasciende cualquier distancia terrenal.

A pesar de que el destino nos haya jugado una mala pasada y haya decidido llevarla lejos de nuestro lado, sé que su presencia sigue acompañándome en cada rincón de mi ser. 

Aunque la ausencia duela, nuestro vínculo permanece inquebrantable, uniendo nuestros corazones a pesar de los kilómetros que nos separan.

En cada suspiro del viento marino, en cada destello de las estrellas sobre el horizonte, siento la cercanía de mi abuela, como un faro de luz que guía mi camino en la oscuridad.

 Aunque la casa de la playa pueda estar vacía, nuestros recuerdos llenan cada espacio, recordando que el amor verdadero nunca se desvanece, incluso en la distancia.

Finalmente, al cerrar la puerta de la casa de la playa, dejé partir no solo el eco de los recuerdos, sino también la carga de la tristeza. 

En su lugar, llevé conmigo el regalo eterno de los momentos compartidos, la sabiduría transmitida y el amor inquebrantable que seguirá uniendo nuestras almas por toda la eternidad.

 Con una sonrisa en el rostro y el corazón rebosante de gratitud, me alejé del lugar sabiendo que, aunque el destino nos haya separado físicamente, el vínculo con mi abuela siempre permanecerá vivo en mi interior.

Ya nos volveremos a ver.

Todavía queda un largo camino por recorrer. No les digo adiós, sino hasta pronto….                              FIN.
















  

  

  

   

  

  

  

  

  


  


 

 

  

 

  

  

  

  

 

   

  



  

 

  

  

  


  

  


 

  

  

   

   

  

  




 

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  


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