HISTORIA 12: TÍTULO: "LA SOLEDAD DE LOS HUESOS".(27/01/2021)
Título:
"La Soledad de los Huesos: Refugio en la Tormenta".
"En una noche de centellas y lluvia torrencial, una mujer se ve envuelta en una serie de acontecimientos que la llevan a enfrentarse con su propia soledad y sus prioridades en la vida. A medida que la tormenta azota afuera, ella encuentra en su hogar un refugio reconfortante donde la simplicidad y la paz interior se convierten en sus mayores tesoros. Acompáñala en este relato de introspección y descubrimiento, donde la fortaleza de su espíritu brilla incluso en medio de la adversidad."
TÍTULO: "LA SOLEDAD DE LOS HUESOS".(27/01/2021)
El cielo se cubrió de centellas,iluminando la noche tormentosa.
La lluvia formó una copiosa cortina de agua,inundando todo a su paso.
Las calles se cubrieron, de agua, hasta las aceras.
Ella apresuro su paso, por la ancha avenida, tratando de no tropezar con los adoquines.
En su interior, sintió un gran sentimiento de culpa.
No tendría que haber abandonado la casa, en la mitad de la fiesta.Y se estaba aburriendo igual.
A estas alturas, el agua comenzó a filtrarse a través de su trajecito “vogue”.
Sentía la tela pegada a su piel. Ya el frío le calaba los huesos. Empezó a tiritar.
No podía volver a la fiesta, aunque quisiera.
Por un lado, ya había avanzado varias cuadras y por otro, su estado era muy patético.
El agua había arruinado su peinado de moda. Cuatro horas en el salón de belleza más famoso del pueblo, tiradas por la borda.
Su ropa quedó totalmente arruinada, inclusive los guantes de cabritilla que hacían juego con su falda y chaqueta.
Era muy puntillosa con su vestuario, aunque a veces, se endeuda más de lo que ganaba.
Su debilidad eran las prendas de vestir. Trabajaba muy duro toda la semana, no era de su agrado, pero le pagaban bien.
Y ahí estaba su ropa, zapatos y peinados, arruinados. En medio de la calle sola y muerta de frío.
Odiaba reconocer que había sido muy mala idea aceptar la invitación a la fiesta.
A estas horas, estaría acostada, en su cama, arropada con su edredón de plumas. Feliz, con un buen libro sobre su regazo y un gran tazón de leche caliente ,en su mano.
Su mejor amiga, la había invitado, no valían excusas. No era una persona de frecuentar bares ni fiestas como otros jóvenes de su edad. Amaba estar en su casa.
Hace años sus padres se habían mudado a una ciudad más grande, con su hermano menor, para que él pueda continuar sus estudios.
No estaba arrepentida de haberse quedado. Tenía su trabajo, podía mantener sus gastos diarios sin problemas.
A veces extrañaba las cenas familiares, pero más allá de eso, disfrutaba la vida que llevaba.
Su círculo de amigos no era muy grande. Era bastante selectiva a la hora de elegir compañía.
Acepto la invitación, a regañadientes, pero puso lo mejor de sí.
No quería que pensaran que era una mujer amargada y solitaria.
Así que puso manos a la obra, sacó turno temprano, por la tarde, en el salón de belleza.
Se tomó todo su tiempo, frente al gran espejo de su habitación, buscando el atuendo correcto para esta noche.
A las 10 de la noche, estaba lista, esperando, en la entrada de su casa, cartera en mano,rogando que el taxi no se demore. Odiaba llegar tarde.
Así estaba,abstraída, en sus pensamientos, aislada de todo a su alrededor, cuando el ruido atronador de un rayo, la sacó de su sueño.
Ya llevaba varias calles caminando, todavía estaba muy lejos de su casa.
Tendría que haber aceptado, el ofrecimiento de aquel joven, cuando le ofreció llevarla.
Ella con su arrogancia innata, lo despacho con cortesía. Y empezó a caminar, todavía la tormenta no se había desatado.
Le entusiasmó la idea de caminar un poco, no le vendría nada mal. Siempre estaba encerrada por su trabajo.
Toda la semana, en un pequeño despacho, donde se desempeñaba como secretaria del único médico del pueblo.
La lluvia la tomó desprevenida, no tuvo donde guarecerse. A estas horas de la noche, no circulaban ni buses ni taxis. Solo le quedaba caminar.
Deseaba que pasara algún vehículo, que le diera un aventón.
Como lamentaba no haberse quedado en su casa. odiaba salir de su zona de confort. ya estaba estresada con esta situación.
Deseaba llegar a su casa, darse un baño de inmersión con agua bien caliente y meterse en la cama.
La próxima invitación, lo pensaría dos veces.Sabía que su vida no era un jolgorio, pero le gustaba, tal cual estaba.
No le interesaba que los jóvenes le revoloteaban como abeja a la flor.Después de todo, si era una persona solitaria.
Ya divisaba la última cuadra, antes de su casa. Se sacó los zapatos empapados y empezó a correr.
Mientras lo hacía, sonrió, tuvo una sensación de bienestar en todo su cuerpo.
Ya estaba a metros de su guarida, a resguardo, donde podía sacarse su coraza y ser quien era. Solo una mujer que no necesitaba a nadie ni nada para ser feliz.
Su imagen se reflejó, en el espejo, del vestidor de entrada. Le gustó lo que veía.
No había marcha atrás en su vida y le gustaba así.
Esta salida le demostró que ella es feliz con poco, en su casa, con sus libros y sus recuerdos.
Ya tenía la soledad en sus huesos.
Segunda Parte: "Refugio en la Tormenta"
Mientras las centellas continuaban iluminando la noche y la lluvia persistía, ella llegó finalmente a su casa, con la ropa arruinada y los zapatos en la mano.
Se quitó los restos de su intento de elegancia y se recostó en el vestidor de entrada, disfrutando de la soledad que tanto valoraba.
La tormenta, que había sido una molestia en la calle, parecía haberse quedado fuera.
Se miró en el espejo y, en lugar de ver una imagen derrotada, vio a una mujer fuerte y decidida. Una mujer que, a pesar de las adversidades, encontraba su felicidad en la simplicidad de su hogar.
El eco de las risas de la fiesta que dejó atrás parecía lejano. Ahora, estaba rodeada por el silencio reconfortante de su casa.
Se encaminó hacia el baño y abrió la llave del agua caliente. El sonido del agua llenó el espacio, ahogando cualquier rastro de tormenta que quedara en su mente.
Sumergida en la bañera, se permitió relajarse.
Cerró los ojos, dejando que el calor deshiciera los rastros de la noche.
Aunque su ropa y su peinado estaban arruinados, su espíritu permanecía intacto.
No necesitaba de fiestas ni de multitudes para sentirse completa.
Después de salir del baño, se envolvió en una manta y se acercó a la ventana.
Observó cómo la tormenta continuaba su danza en el exterior. Pensó en aquel joven que le ofreció ayuda, en la arrogancia que a veces la cegaba.
Reflexionó sobre la simplicidad que su vida cotidiana le ofrecía, y eso le hizo sonreír.
Se preparó una taza de té caliente y se acomodó con un libro en la mano.
Su noche, que había comenzado como un desastre, se transformó en una velada serena y reconfortante.
La soledad no la asustaba; de hecho, la abrazaba como una amiga antigua.
La próxima vez que alguien la invite a una fiesta, lo pensará dos veces.
Sabía que su vida no era un jolgorio, pero eso estaba bien para ella.
Apreciaba su propia compañía, y esta noche le recordó cuánto valor encontraba en las pequeñas cosas de su hogar.
Con cada página que pasaba, con cada sorbo de té, se sumergía más en el refugio tranquilo de su casa.
La tormenta, en su furia afuera, no hacía más que resaltar la calidez que ella había encontrado dentro de sí misma.
FIN.



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